Nuestro último viaje con Greyhound se suponía que sería un tranquilo paseo en autobús hacia el sur, un buen momento en familia. Primero, el autobús en sí... ¡qué horror! Parecía que no había visto una aspiradora en, bueno, nunca. Había migas por todas partes, no se podía ni ver el suelo debajo de los asientos por toda la basura. Y además de eso, había un olor horrible... como si alguien hubiera derramado un montón de calcetines de gimnasio allí. Estuvimos prácticamente aguantando la respiración todo el viaje, solo tratando de sobrevivir. Incluso intentamos mencionarlo educadamente al servicio al cliente de Greyhound, esperando tal vez una limpieza rápida o algo así. Gran error. Básicamente nos ignoraron, como si nuestras preocupaciones fueran solo una pequeña molestia.
Comentarios