El 12 de febrero de 2026 compré en el supermercado BİM de Serik, Antalya, un libro blando que habla, de la marca Fisher‑Price. A pesar de que solo lo dejé en manos de mi bebé de cinco meses durante periodos muy breves y bajo mi estricta supervisión, en apenas cuatro días el tejido del libro se rasgó y la espuma interior quedó visible. Esta situación supone un grave peligro, ya que mi hijo podría arrancar la espuma y llevársela a la boca. Esperaba un producto mucho más resistente y seguro de una marca tan reconocida en el sector de artículos para bebés, pero la rápida degradación del artículo me ha dejado muy decepcionada y me ha llevado a decidir no volver a elegir esa marca. Conservo el ticket de compra. Por ello solicito a Fisher‑Price que atienda mi reclamación, que examine el libro dañado y ofrezca una solución mediante cambio o reembolso, y que mejore los controles de producción y calidad para evitar que otras familias enfrenten riesgos similares.
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