Hace aproximadamente un año adquirí unas zapatillas deportivas Asics Gel‑Cumulus 27 directamente en la página web oficial de la marca. Dado que se trata de un modelo pensado para el verano, no las utilicé durante la temporada invernal y, en total, sólo las llevé puestas durante unos seis meses. A pesar de este uso tan limitado, las zonas de flexión de la suela comenzaron a presentar deformaciones graves. Ante esta situación, envié el calzado al servicio de inspección de Asics, pero la respuesta que recibí fue únicamente a través del contestador automático, indicando que no se trataba de un defecto de fabricación sino de un error de uso por mi parte. No se me entregó ningún informe detallado ni se ofreció una justificación concreta respaldada por pruebas. Al investigar en internet, encontré numerosos comentarios de otros usuarios que describen problemas similares con el mismo modelo. Considero inaceptable que un producto de tan alto precio se deteriore tan rápidamente y que la responsabilidad sea trasladada íntegramente al consumidor, lo que ha minado gravemente mi confianza en la marca Asics. Por ello, solicito que se me reemplace el par de zapatillas por un nuevo ejemplar sin costo adicional.
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