Primero, asegúrate de que tu conexión a internet sea lo suficientemente rápida. Para 720p, deberías tener al menos 5–10 Mbps, y para 1080p o superior, deberías tener 15–25+ Mbps. Cuando el Wi-Fi es lento o poco confiable, la calidad del video suele bajar por sí sola.
Herramientas como los consejos de transmisión de Riverside indican que usar una conexión por cable y cerrar aplicaciones que consumen mucho ancho de banda puede hacer que la experiencia sea más estable.
Ahora revisa tu navegador o aplicación de video: asegúrate de que sea compatible con HD y Full HD, obtén la última versión, activa la aceleración por hardware y confirma que la calidad del video esté configurada en “HD” en lugar de “Auto” o “Baja”.
Si tu GPU puede manejarlo, algunos navegadores, como Microsoft Edge, tienen un modo llamado “Mejorar video” o “Súper resolución” que puede mejorar la calidad de los videos.